En cuanto pasan los puentes festivos de octubre, noviembre, y diciembre,
los pueblos se quedan muy disminuidos de habitantes.
Verdaderamente entre las bajas temperaturas y la escasez de gente, parecen pueblos fantasmas. Es una pena porque cada estación tiene su encanto, ahora los árboles desnudos de hojas tienen un algo que me atrae y me gusta retratarlos. Aquí tenemos suerte hay gente joven, son pocos pero anima el verlos cuando vuelven de los montes después de hacer su jornada de trabajo.
Estamos pocos pero tenemos la suerte de tener una tienda, que aparte de tener muy buena carne, hay de todo. También tenemos dos bares, lo que pasa que en este tiempo las ganancias deben de ser escasas, aunque de los pueblos del contorno siempre se acercan a comprar y a las tardes al bar.
Yo aquí me encuentro muy tranquila, pero para Navidades me iré a Lleida, tengo unas ganas locas de abrazar a todos los míos sobretodo a mi pequeño nieto.
La rehabilitación me va muy bien, espero recuperar bastante aunque me han dicho que no será total, pero bueno, confío que poco a poco cada día este mejor, pues quiero coger a mi Pau.
Sigo sin poder poner todos los comentarios en vuestros blogs, pero es que son tan bonitos y elaborados, que con la mala conexión de Internet que tengo ó no me deja entrar ó me cuesta mucho rato. Verlos los miro y de verdad sois extraordinarios en vuestras entradas, gracias por comentar en mi blog y ser tan generosos.









